Empezá por la medida, no por la forma
La medida de tu cara manda más que cualquier regla de geometría. Un armazón que te queda chico se nota en las sienes; uno demasiado grande se escapa de la ceja y achica la mirada.
Medí el ancho de tu rostro a la altura de los pómulos. Un armazón que mide entre dos y cinco milímetros más que tu cara suele quedar bien. El puente tiene que apoyarse en la nariz sin resbalar ni marcar.
Reglas que sí ayudan
Como orientación, después de confirmar el ancho:
- Rostro alargado: armazones más altos, con algo de volumen lateral, para acortar visualmente.
- Rostro ancho o cuadrado: armazones con curvas suaves y bordes redondeados para balancear la mandíbula.
- Rostro redondeado: armazones angulares o rectangulares con línea superior marcada.
- Cejas gruesas y oscuras: monturas finas, para no competir con la ceja.
Probalos como se prueban de verdad
Ponete los anteojos y mirate de frente al espejo a dos metros. Mirá que el borde superior siga la línea de la ceja y que el inferior no caiga sobre la mejilla. Probá sonreír: si la mejilla empuja el armazón, es chico de abajo.
Si podés, sacate una selfie con cada opción y mirala al día siguiente. La luz de la óptica engaña.
Salí del local sin comprar. Si lo pensás dos días, aciertas más.
El puente y la rutina de piel
Las marcas en la nariz se deben a armazones con puente ancho o pesados. Un puente ajustable o almohadillas de silicona lo resuelven. Si usás protector con brillo, limpiá las lentes con un paño de microfibra para no rayarlas con la ropa.