Por qué importa tanto
El sol es el factor que más acelera el envejecimiento visible de la piel y el que más manchas produce. El protector no es un accesorio de verano: se usa todos los días, también nublado y también adentro de casa si te llega luz de una ventana.
El efecto se mide en meses y años. A los doce meses de uso diario, la mayoría de las personas ve manchas más parejas, menos rojeces después de la ducha y una textura más uniforme.
Cuál comprar
Buscá un FPS 50 (o 50+) con protección UVA y liviano para el uso diario. No necesitás uno caro: la diferencia entre un buen genérico y uno de estante de lujo suele ser el perfume.
- Piel grasa o con poros visibles: gel o fluido, sin aceites minerales.
- Piel seca: crema o loción con glicerina o ceramidas.
- Piel con tendencia a rojeces: filtro mineral (óxido de zinc o dióxido de titanio) y sin fragancia.
- Con barro, sudor o deporte: resistente al agua, y repetir con un stick o polvo encima.
Cuánto poner y cuándo
Los frascos se usan mucho menos de lo que dicen las etiquetas. La cantidad manda.
- Para todo el rostro y el cuello, dos dedos completos de producto. Es más de lo que parece.
- A media mañana, después de lavarte la cara. Va último, sobre el hidratante.
- Repetir cada dos o tres horas si vas a estar al sol, y siempre después de secarte con toalla o de sudar fuerte.
- En días de playa o montaña, gorra y anteojos hacen tanto como el protector.
Errores que se repiten
Usar protector que tiene dos años abierto y guardado en el auto: el calor y el tiempo le bajan la protección. Rellenar el frasco todo el verano y olvidarlo el resto del año. Y confiar en el FPS del maquillaje, que casi nunca se aplica en la cantidad necesaria.